Alrededor de 40 % de los residuos en el mundo aún se depositan en vertederos a cielo abierto, en particular en países en desarrollo.  En América Latina y el Caribe unas 145.000 toneladas se destinan cada día a este tipo de basurales, donde la descomposición y quema de residuos genera potentes gases que contaminan la atmósfera, provocan severos daños a la salud humana y contribuyen al cambio climático.

La quema de basura es especialmente peligrosa.  Esta actividad es una de las principales fuentes en la región de carbono negro, un componente clave de partículas ultrafinas PM2.5, que no solo pueden alojarse en los pulmones de las personas sino entrar en el sistema sanguíneo y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y cáncer.

Se estiman que unas 330.000 muertes prematuras en las Américas son atribuibles cada año a la mala calidad del aire.

Los gases tóxicos que emanan de los basurales a causa de la quema afectan en particular a los trabajadores, generalmente informales, que operan en ellos y muchas veces viven en su perímetro. Unas 250 familias en pobreza extrema vivían dentro del enorme vertedero La Chureca en Managua, la capital de Nicaragua, clausurado en 2016. Las autoridades municipales documentaron severas enfermedades respiratorias en esta población y una reducción de la esperanza de vida a 50 años.

Las personas que trabajan en los basurales a cielo abierto también se exponen a emisiones de metano (CH4) y dióxido de carbono (CO2), que se generan por la descomposición anaeróbica de los residuos. Ambos son gases de efecto invernadero, es decir, provocan el cambio climático. El poder contaminante del metano es hasta 28 veces mayor que el del CO2, y la basura puede seguir emitiéndolo incluso años después de cerrado un vertedero.

Se calcula que de continuar con las actuales tendencias, los basurales a cielo abierto serán responsables de entre 8 y 10% de los gases de efecto invernadero en 2025”, señaló Aitlio Savino, editor jefe del reporte Perspectiva de la Gestión de Residuos en América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA, y ex presidente de la Asociación Internacional de Residuos Sólidos (ISWA).

“Cerrar estos vertederos es clave para enfrentar dos de los más grandes retos que enfrenta la humanidad ahora: la crisis climática y la pandemia de la COVID-19”, enfatizó Savino.

La pandemia expuso la urgencia de gestionar de manera sostenible los residuos, entre ellos los desechos sanitarios y peligrosos, para proteger la salud de las personas y la del planeta a largo plazo.

Tomado de unenvironment.org