La solidaridad global, el comercio abierto y justo, el orden mundial basado en reglas y el multilateralismo son cruciales para evitar caer en una recuperación que haga un uso intensivo de combustibles fósiles y recursos naturales.

El cambio climático no abordado y la degradación ambiental conducirán a consecuencias catastróficas, que incluyen hacer que gran parte de nuestro planeta sea inhabitable en las próximas décadas. 

A medida que el mundo combate la pandemia de la COVID-19 y se prepara gradualmente para enfrentar sus impactos a más largo plazo, los gobiernos y las sociedades deberían tomarse un momento para reflexionar sobre lo que podemos aprender de esta crisis y utilizar sus lecciones para construir un futuro mejor.

Con más de la mitad de la población mundial confinada, la primera lección aprendida es la profunda interdependencia entre nuestros países y regiones y la alta exposición que todos tenemos a las perturbaciones externas imprevistas.

La segunda lección es que el multilateralismo y la solidaridad global funcionan. Muchos gobiernos han unido sus fuerzas para establecer mecanismos de coordinación e intercambio de información y han asistido a los más afectados, particularmente a los más vulnerables, salvando vidas y facilitando medios de subsistencia en todo el mundo.

La tercera lección ha sido la necesidad de reconocer la ciencia y de responderle. Y aquí es donde llegamos al cambio climático y la degradación ambiental. La COVID-19 está siendo una tragedia humana excepcional de escala monumental, con brotes predecibles en el futuro. Sin embargo, la ciencia nos dice que se trata solo de una advertencia en comparación con los riesgos existentes para nuestra civilización frente a los efectos asociados con el calentamiento global.

También existe evidencia creciente de que muchos nuevos brotes de enfermedades infecciosas se pueden desencadenar o acentuar cada vez más por la pérdida de biodiversidad o la degradación de los ecosistemas. Los ecosistemas naturales saludables son un requisito previo a la prosperidad.

El cambio climático no abordado y la degradación ambiental conducirán a consecuencias catastróficas, que incluyen hacer que gran parte de nuestro planeta sea inhabitable en las próximas décadas. De manera similar, el creciente número de fenómenos climáticos violentos continuará destruyendo cultivos, hogares e infraestructuras, desencadenando incendios forestales cada vez más frecuentes e induciendo migraciones masivas. Estos son ingredientes para un mundo inestable e inseguro.

El calentamiento global es más difícil de abordar que la pandemia de la COVID-19, pues no habrá vacuna contra el cambio climático y sus efectos devastadores. Reducir la curva de emisiones solo será posible si tomamos medidas climáticas audaces y valientes juntos. La buena noticia es que podemos hacerlo y, de hecho, el rebote económico de la COVID-19 nos da la oportunidad de acelerar la transición hacia un futuro más seguro y resiliente. Las decisiones que tomemos hoy definirán nuestro mañana.

En los próximos dos años, gobiernos de todo el mundo buscarán invertir recursos gigantescos de las generaciones futuras. Esta inversión masiva, necesaria para impulsar nuestras economías, debe aliviar la carga sobre el planeta, no hacerla más pesada. Necesitamos hacerlo bien desde el primer momento. Los planes de recuperación deben diseñarse como una oportunidad única de esta generación para “construir de nuevo mejor” e invertir en una economía del siglo XXI, y no en la obsoleta economía de carbono del siglo pasado. Países como Colombia, el segundo país más biodiverso del mundo, van a tener un rol preponderante en liderar este cambio de modelo a escala global.

Junto con los jefes de Estado o de gobierno de los Estados miembros de la Unión Europea, la Comisión Europea ha confirmado su compromiso con una recuperación verde, digital y resiliente y lo ha incorporado en su plan de recuperación para Europa. A través de este plan, llamado “Next Generation EU” y un presupuesto renovado, cada euro de inversión hará que Europa vuelva a ponerse de pie mientras acelera la transición verde y digital, y construye una sociedad más justa y resiliente.

Algunas áreas donde acciones específicas y consistentes pueden producir grandes impactos son, por ejemplo, la economía circular, la restauración de los ecosistemas, la bioeconomía y los negocios verdes, la renovación del entorno construido, la movilidad sostenible y las energías renovables. La Unión Europea y los Estados miembros siguen firmes en su objetivo de una Europa climáticamente neutra para el 2050, y animamos a todos los países a que nos superen, para que toda la humanidad gane.

En la Estrategia de Biodiversidad para 2030, la Unión Europea y los Estados miembros también han asumido importantes compromisos para proteger y restaurar los ecosistemas de la Unión Europea. Junto a socios como Colombia, estamos listos para liderar esfuerzos hacia un nuevo y ambicioso marco global de biodiversidad para después del 2020, en la próxima COP15 sobre Diversidad Biológica.

La solidaridad global, el comercio abierto y justo, el orden mundial basado en reglas y el multilateralismo son cruciales para evitar caer en una recuperación que haga un uso intensivo de combustibles fósiles y recursos naturales, ya que esto pondría a las personas y al planeta ante un peligro irreversible. Hacemos un llamado a nuestros socios internacionales a que también fortalezcan sus políticas de bajas emisiones de carbono y estrategias de recuperación verde. Esto le dará a nuestras sociedades un sentido de dirección y propósito, y guiará a inversionistas, empresas, trabajadores y consumidores hacia la sostenibilidad.

La Unión Europea está lista para comprometerse con socios de todo el mundo, como Colombia, para acompañarnos en la realización de inversiones ambientalmente sostenibles. Estamos dispuestos a compartir experiencias, financiar proyectos, comunicar nuestras regulaciones y nuestros principios para una financiación sostenible. De hecho, la Unión Europea y Colombia ya somos socios cercanos en el trabajo de implementación del Acuerdo de París y la transición hacia la economía verde. Este es un ejemplo de cómo unidos ayudamos a la sostenibilidad del planeta. La Unión Europea también está dispuesta a mostrar solidaridad y ha adaptado nuestra cooperación con Colombia para abordar las dificultades causadas por la pandemia.

Finalmente, como socios, se trata de trabajar duro para encontrar nuevas formas de ganar este desafío colectivo y permitir que las próximas generaciones disfruten de una vida decente en un planeta pacífico. No es una búsqueda idealista o ingenua; se trata de permanecer fieles a nuestros valores, escuchar la ciencia, fortalecer las economías y construir un futuro mejor. Simplemente, no existe una alternativa realista que no sea la recuperación verde.

Tomado de ElEspectador.com