Las botellas de plástico desechables para el agua mineral, los zumos y refrescos están en primera línea de la crisis climática que atraviesa el planeta. Al ritmo actual, se consumen 20.000 de estos envases por segundo en todo el mundo.

Entre 5 y 13 millones de toneladas de plástico se filtran cada año en los océanos del mundo, son ingeridos por aves marinas, peces y mariscos, y terminan en la cadena alimentaria.

Si bien es uno de los productos con mayor tasa de reciclaje -casi la mitad son recuperadas- la demanda excede lo que podemos manejar. Para 2021, según Euromonitor International, circularán 583.300 millones de botellas de plástico cada año en el mundo.

Estos desperdicios pasan a las vías de agua y de ahí al mar, contaminando nuestros litorales y playas. Botellas y garrafas de plástico son el octavo objeto más frecuente entre la suciedad según las estadísticas del Programa de Seguimiento de Basuras Marinas en Playas del Ministerio de Medio Ambiente.

Por último, estos envases también contribuyen al problema de las micropartículas de plástico prevalentes en el agua del planeta, también la que consumimos. En 2018, un estudio concluyó que un litro de agua embotellada puede contener miles de partículas microplásticas.

Según los análisis llevados a cabo en más de 250 botellas de 11 marcas, muchas de ellas comercializadas en España, existe un problema de contaminación generalizada con fragmentos plásticos, incluidos restos de polipropileno, nailon y polietilentereftalato (PET).

Otros compuestos bajo vigilancia son el formaldehido, un carcinógeno presente en las botellas de refrescos sobre el que un artículo de 2014 en el Journal of Epidemiology and Community Health pedía un mayor control.

También el bisfenol A (BPA), usado en estos recipientes y que una publicación de 2012 en el Proceedings of the National Academy of Sciences relacionaba con problemas reproductivos y gestacionales.

Las reutilizables, no solo para agua

Las recomendaciones para reducir este consumo nos invitan a reflexionar: de la misma que rellenamos botellas con agua corriente, ¿no podemos comprar un envase grande de nuestra bebida embotellada favorita y rellenar cotidianamente un recipiente no desechable, de aluminio, cerámica o vidrio?

La carrera por desarrollar materiales completamente biodegradables está en marcha. La última propuesta es la de Ari Jónsson, un estudiante de diseño de Islandia: botellas hechas con agar, una gelatina extraída de las algas. Una vez vacía, la botella se descompondría rápidamente. 

El futuro inmediato, sin embargo, pasa por el “alquiler” en lugar de la “venta” de la botella cuando adquirimos una bebida. Se trata del sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR), que ya existe en Alemania, Noruega, Dinamarca o Suecia, y que consiste en cobrar una tasa por consumo de objetos de plástico.

Tomado de elespanol.com